JAIME EL TROTAMUNDOS
Arnau Gómez 1C
En
Moscú vivía Jaime, un chico que se sabía todas las calles de memoria. Era cojo, y tenía miedo a las alturas esos eran los únicos problemas de este chico.
Es alto, rubio y delgado pero es muy sucio, ya que dormía como podía en baños
públicos porque era un pobre mendigo. Le gustaba mucho el kárate y se sabía
varias llaves. Un emperador Ruso llamado Juan con más de 100.000 soldados
a disposición, quería echarlo de Rusia y deshacerse de Jaime.
El
malvado emperador, era bajo gordito y tenía el pelo negro como el carbón. Tenía
unas piernas muy cortas pero gorditas parecidas a las de un cerdo. Tenía miles
de soldados y contaba con todos ellos para deshacerse de todos los mendigos que
vivían en las calles rusas. Juan,
también tenía un palacio para el solo con más de 200 asistentes. Tenía una gran fobia. La oscuridad le aterraba
mucho.
Un
día, Jaime despertó por un sonido que se le hacía muy familiar. Era una sirena, que sonaba muy fuerte. Vio
unas luces rojas y azules… ¡Era la policía que venía a buscar al pobre mendigo.
Se escondió durante varias horas pero al final lo hallaron en un callejón sin
salida. Los soldados del malvado emperador llevaron al pobre mendigo al palacio
de Juan.
-Por
fin estas aquí -exclamó el emperador lanzándole una mirada a Jaime.
-¿Qué quieres de mí? -preguntó
el mendigo asqueado.
-Te quiero preso en mi
calabozo, llevadlo al subterráneo y encerradlo en el calabozo- susurró Juan.
Los
guardas trasladaron a Juan al calabozo que se encontraba en la planta inferior
del palacio. Lo encerraron bajo llave en el calabozo más sucio y más pequeño.
No le dieron ni un mísero trozo de pan para cenar.
Pasó
una noche horrorosa, puesto que no pudo dormir casi nada. Despertó sobre las
ocho y media de la mañana. Un guarda se acercó a él y le dijo:
-Le
dejaré hacer una llamada a quien usted quiera.
De acuerdo, acérqueme
el teléfono por favor -dijo el mendigo levantándose.
Cuando
el guarda entró en la celda, Jaime le pegó una gran patada en el estómago y
dejo al soldado encerrado en la jaula en la que estaba el mendigo. Así el
vagabundo, pudo acceder al palacio donde se hallaba el malvado emperador.
Se
encontraron los dos al lado de un cuarto oscuro y empezaron a luchar. Juan con
una espada y Jaime con sus dos muletas. Entraron los dos rodando a aquel cuarto
oscuro y como a Juan le daba miedo la oscuridad, Jaime lo dejo encerrado en
aquel cuarto con un trapo en la boca para que no lo escuchara nadie, y Jaime
huyó del palacio sin que nadie lo descubriera.
Cuando
los secuaces del emperador se dieron cuenta de que su supremo había
desaparecido, y que Jaime no estaba en el calabozo, sospecharon y se pusieron a
buscar a Jaime.
Mientras
tanto, Jaime estaba en unos baños públicos durmiendo para reponer las fuerzas,
porque la pasada noche no pego ojo. Se pasó allí todo el día y los guardas
seguían sin encontrarlo. Al amanecer, Jaime estaba como nuevo porque había
dormido muy bien y estaba dispuesto a hacer cualquier cosa.
Los
guardas lo vieron alado de un supermercado y enseguida trataron de
capturarlo. Este se subió a un tráiler y
escapó a toda velocidad, pero los guardas dispararon con una pistola y
acertaron en la pierna que tenía bien haciéndole mucho daño. Entonces, Jaime se cayó de aquel camión pero
le dio tiempo a escapar antes de que los guardas lo alcanzaran. Jaime pasó una
noche muy mala, puesto que le dolía mucho la pierna. No pudo dormir en toda la
noche. Al día siguiente, estaba agotado y no podía hacer casi nada.
Los
guardas lo hallaron en lo alto de un edificio altísimo. Jaime tenía miedo a las
alturas y era o entregarse y abandonar Rusia para siempre o saltar y buscar un
golpe de suerte y caer encima de algo. Saltó superando así sus miedos y cayó
encima de un camión que se dirigía al vertedero. Jaime pudo huir de Rusia para
siempre y vivir tranquilamente lejos del emperador Juan.
Mientras
tanto en el palacio encontraron a Juan en aquel pequeño cuarto oscuro y sus
secuaces y él se pusieron a hablar:
-¿Donde
está el vagabundo asqueroso? –Preguntó Juan enfurecido-
- Esto… es que verás…
se ha escapado y no hemos podido capturarlo… - Enunciaron los secuaces.
- ¿Cómo? ¿Que habéis
hecho qué? ¡Sois una panda de inútiles que no servís para nada! – Gritó Juan.
-Lo sentimos mucho – Susurraron los soldados a coro.
Jaime,
decidió viajar a su país favorito. Se trataba de Asia donde había vivido muchas
experiencias a lo largo de su infancia. Llegó mediante barcos, camiones incluso
escondido en algún submarino. Hizo de todo para llegar hasta Asia.
Cuando
llegó, se buscó un trabajo como reponedor de productos en un supermercado y fue
ahorrando el dinero que se sacaba mediante ese trabajo. Cobraba unos 1.500
euros al mes pero él era feliz, muy feliz. Cuando ya tenía bastante dinero, se
compró un piso bastante decente, en una comunidad muy pacifica con unos vecinos
muy agradables.
Más
adelante, se compró una pierna ortopédica, para poder andar normal y corriente
sin muletas y sin ningún tipo de problemas. Hizo muchos amigos en Asia, y fundó
una organización para ayudar a los sin techos del país donde vivía Jaime. Él ya
sabía lo que era ser un pobre vagabundo sin nada que hacer por eso creo esta
especie de ONG para pobres mendigos.
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